La magia de la compañía

El género dramático siempre ha despertado emociones en el espectador. Desde los antiguos griegos hasta la actualidad, la dramaturgia ha consistido en expresar todo aquello que no es capaz de albergar la palabra. Por eso es tan popular, por su capacidad de transmitir, de enseñar, de conmover, sin necesidad de explicar. Sin embargo, durante los últimos meses, ya sea por la emergencia sanitaria, las nuevas tecnologías o por el desinterés popular, el teatro ha pasado a un desmerecido segundo plano. 

Estefanía Betancur Guadalupe

Quién nos diría, hace algo más de un año, que el contacto sería tan importante, que la necesidad de reunirnos y compartir sería tan extrañada; que echaríamos en falta el terciopelo rojo de las butacas de un teatro, el telón, las bambalinas y las sensaciones que nos transportan a otros mundos. Puede que nuestros mayores al final tengan razón, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

El género dramático siempre ha despertado emociones en el espectador. Desde los antiguos griegos hasta la actualidad, la dramaturgia ha consistido en expresar todo aquello que no es capaz de albergar la palabra. Por eso es tan popular, por su capacidad de transmitir, de enseñar, de conmover, sin necesidad de explicar. Sin embargo, durante los últimos meses, ya sea por la emergencia sanitaria, las nuevas tecnologías o por el desinterés popular, el teatro ha pasado a un desmerecido segundo plano. 

El pasado día 20, acudimos al Teatro El Salinero a disfrutar de una obra muy especial realizada por los alumnos del IES Puerto del Carmen. La función llegó a provocar escalofríos, no solo por su historia, que ya de por sí fue magnífica y original, sino por el hecho de estar presentes, en compañía, disfrutando al unísono de la magia transformadora.

Estefanía Betancur Guadalupe

La Covid-19 nos ha quitado demasiado, nos ha arrebatado familiares, amigos y mucha ilusión. Así, deja en su camino una gran desilusión, por no poder compartir, por la falta de contacto físico, hecho que, lo creamos o no, siempre será importante en nosotros. Por eso, es tan esencial compartir juntos la emoción que genera una pieza teatral. El arte de la representación no se puede vivir a través de la pantalla, no se puede sentir lo mismo, pues cuando nos reunimos, todo cambia, el vínculo se perpetúa.

En la situación actual, extrañamos a esas personas que se suben a un escenario y hacen fluir la magia mediante su pasión, llevándonos a un maravilloso mundo donde las realidades se entrelazan, donde dejar volar nuestra imaginación es lo mejor que podemos hacer. Es una sensación difícil de explicar, pero estoy segura de que muchos me entenderán. En mi caso, no necesitaba nada más que sentarme en aquella butaca (testigo de innumerables historias) y empezar a sentir la grandeza que el teatro alberga, la majestuosidad de su estructura, el brillo de su escenario y las ideas, sueños e ilusiones que retumban en él a diario.

Justo después de volver a salir a la calle e intercambiar emociones y sensaciones con nuestros compañeros, todos llegamos a la misma conclusión: el teatro siempre nos llevará a mundos, lugares o situaciones donde la magia de lo desconocido es un gran acierto; donde las historias nos llevan por un camino de emociones que transforman nuestra vida, culturizándonos, haciéndonos soñar. 

Estefanía Betancur Guadalupe

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